viernes, 16 de noviembre de 2018
Soltar
Soltar
Me cuesta soy más de aferrarme al mar
Ya no estoy ya no soy la que era antes de tu amor que mintió y se hizo de noche en mí sol guardo en mí tú calor que cuando te pienso me abriga y te encuentro en mí ilusión
Nunca me había puesto a analizar bien está canción de Jimena Barón. Una gran artista que sabe poner en sus letras todas sus experiencias vividas.
Es lunes, comienzo de semana. Estoy en el tren con el pelo totalmente inflado y toda la campera mojada, porque hoy llovió. Qué cosa loca la lluvia. A veces molesta pero tan necesaria. Incómoda pero se lleva todo lo que está afectando el equilibrio del ambiente. Suciedad, calor excesivo, presión. Todo se lo lleva la lluvia. Tan molesta pero tan necesaria.
Como soltar, soltar es algo tan difícil pero tan necesario muchas veces. Leí por ahí que si no soltamos no podemos abrir nuestras manos a las cosas nuevas que el universo tiene para nosotros. Y tiene tanta lógica si me pongo a pensarlo. Y me lleva a reflexionar hoy, un día de lluvia, todas esas cosas que yo no quiero soltar. Muchas veces eso que no quiero soltar es incluso ficticio, solo ilusiones de algo que fue pero que ya no va a volver a ser, o a estar. Relaciones que en su momento me hicieron muy feliz pero que ahora están tan fragmentadas que ya no son lo mismo. Personas que supieron llenarme el alma de amor pero que hoy ya no son lo que necesito. Gente que por más que sí necesito, físicamente ya no están para darme un abrazo.
Y en el fondo se muy bien todo eso, se muy bien que tengo que soltar, pero no lo hago, o lo hago por un rato y después vuelvo a aferrarme a esas ilusiones. Sé que todavía tengo que seguir trabajandolo. Pero hoy quiero dejar por sentado todo. Quiero dejarlo escrito. De alguna manera siento que cuando quiero volver a leer los viejos hábitos, leer esto me va a ayudar a resistirme a mis impulsos tan característicos.
Y así de una vez, el universo me de todo lo que tiene guardado para mi. Porque lo voy a estar esperando con las manos abiertas, y vacías de todo lo que ya no me sirve.
domingo, 11 de noviembre de 2018
11/11
A veces no sé bien ni para quien escribo. Solo agarro la notebook y dejo que mis pensamientos fluyan.
Hoy me encuentro en un día especial. Leí por ahí que como es 11 de noviembre (11/11) es un día con mucha energía moviéndose. Y quién soy yo para cuestionar a la metafísica? Si me considero una fiel creyente de que lo uno da, vuelve, y que los pensamientos tienen mucho poder. Así que me dediqué a creer. Eso me llevo a pensar en el futuro que me gustaría. El futuro que voy a tener, porque hoy, 11/11 ya lo declaré.
Y todo esto viene, a que hoy quiero hablarme a mí. Porque muchas veces dejo que las luces y las voces ajenas me distraigan, y no me dejo escuchar mi propia voz interior, ni me permito brillar como en realidad quiero.
Vos sabés bien lo que querés. Te acordás cuando elegiste medicina? Como te palpitaba el corazón las primeras veces que entraste a la facu? Te acordas el orgullo que sentías cada vez que se lo tenías que contar por primera vez a alguna persona muy cercana? Cuando te pasabas madrugadas enteras mirando vídeos de médicos sin fronteras. Como se te ponía la piel de gallina cada vez que te imaginabas atendiendo a tu primer paciente. La sonrisa instantánea que se te dibujó cuando te pusiste el guardapolvo por primera vez. Las lagrimas que se te cayeron cuando aprobaste el ultimo final del cbc. Stefy, la primer ayudante que conociste. La primera vez que fuiste a votar. La primera vez que comiste chipá del comedor. Todas las amigas que hiciste. Las veces que te pasaste noches enteras estudiando. La primera vez que viste un preparado. El primer microscopio que usaste. Cuando aprobaste bioética con 10 y el profesor te regaló un bon o bon. Todas esas emociones, no te parece que valen la pena?
En un momento te perdiste. Dejaste que la cantidad de contenido te abrumará. Te empezaste a comparar con tus compañeros. Empezaste a buscar excusas. Te pusiste tibia. Ya no te emocionaba ir a la facu. Te parecía todo una perdida de tiempo. Te sentiste en desventaja con todos los demás. Te empezaste a sentir chiquita, incapaz. Grave error.
Vos sabés muy bien que sos capaz. Vos sabes muy bien que esto es lo que querés. Volvé a buscar esa chispita que te llevó a empezar. No estás ahí por casualidad. La primera vez que entraste, sentiste que ese era tu lugar en el mundo, te acordás?
Pero dejaste que las luces y las voces te abrumarán. No lo hagas más. Escuchate. Tomate una siesta para aclarar las ideas si es necesario. Pero no te rindas, no estás sola. Tenés mucha gente haciendo fuerza por vos, pero sobretodo, te tenés a vos misma, y a todas tus aptitudes, que no son pocas, y si te ponés las pilas no hay manera de que falles.
Porque sos inteligente. Sos perceptiva. Sos intuitiva. Tenés mucha garra. Sos una soñadora nata. Sabes expresarte muy bien. Sos muy optimista. No tenés vergüenza, no te dejás intimidar por cualquiera. Sos empática. Sos generosa. Mucha gente estaría agradecida de tenerte como su doctora.
Así que hacelo por ellos. No te rindas, por ellos. Por todos tus futuros pacientes, que te están esperando, para que los ayudes.
Avanti morocha. No tirés la toalla que hasta los más mancos la siguen remando. Medicina es lo tuyo. Vos, tu familia, tus amigos, tu abuela que te mira desde el cielo, el universo y todos los astros lo saben. Solo te falta creértela un poco más.
Y escucharte, y brillar como solo vos sabés.
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